Toshikazu Kawasaki, nacido el 26 de noviembre de 1955 en Kurume, Fukuoka, Japón, fue un nombre que dejó una huella indeleble en el mundo del origami y las matemáticas. Desde su infancia, mostró un interés especial por el arte de doblar papel, pero fue durante sus años de secundaria cuando vio una foto de un cisne blanco creado por Akira Yoshizawa que su pasión se consolidó y decidió dedicarse a explorar los límites de esta disciplina milenaria. En la universidad, se especializó en la teoría algebraica de los números, pero al mismo tiempo profundizó en la geometría del origami, combinando así dos mundos aparentemente distantes. Su tesis universitaria se basó en la teoría de las variaciones de la grulla de origami, y su tesis doctoral se centró en las teselaciones, lo que le valió el título de primer Doctor en Origami del mundo, un hito que marcó el inicio de su trayectoria destacada.

A lo largo de su carrera, Kawasaki se convirtió en un referente tanto como artista como teórico. Es especialmente famoso por su serie de rosas de simetría cuádruple, creadas con una maniobra de torsión que hace que los pétalos parezcan curvarse desde el centro de la flor, una obra maestra que presentó por primera vez en la Convención de Nueva York en 1994 y que le valió el apodo de “El Padre de la Rosa de Origami”. Pero su contribución no se limitó a la creación de modelos hermosos; también hizo importantes avances teóricos. Fue el primero en desarrollar la técnica de plegado isoárea, que permite que cada lado del papel se muestre en igual medida, y descubrió y demostró el teorema que lleva su nombre: en cualquier punto plano de un modelo de origami, la suma de los ángulos alternativos es siempre igual a 180 grados. Además, enseñó matemáticas en el Colegio Técnico de Sasebo y publicó varios libros, entre ellos “Rose, Origami & Math” y “The Greatest Dream Origami”, que combinan su conocimiento artístico y científico para enseñar y inspirar a nuevas generaciones.

Su legado sigue vivo y sigue siendo reconocido en todo el mundo. Sus teorías son fundamentales para el estudio del origami moderno, y sus modelos son admirados por su belleza y complejidad. Kawasaki demostró que el origami no es solo un pasatiempo, sino una forma de arte que combina creatividad y matemáticas, y que puede tener aplicaciones en campos tan diversos como la arquitectura, la ingeniería y la educación. Su trabajo ha inspirado a miles de personas en todo el mundo a explorar el mundo del origami y a descubrir la belleza y la magia que se esconden en un simple pedazo de papel. Sin duda, Toshikazu Kawasaki será recordado como uno de los grandes genios de nuestro tiempo, un hombre que transformó el origami en una forma de arte y ciencia respetada y admirada en todo el mundo.

