
San Roque, nacido en Montpellier, Francia, en el siglo XIV, dedicó su vida a cuidar a los enfermos de peste durante una época de devastación en Europa. Su propia historia de contraer la enfermedad y sanar milagrosamente en un bosque, asistido por un perro que le llevaba alimento, lo convirtió en un símbolo de esperanza y curación. Falleció el 16 de agosto, fecha en la que se conmemora su día.

El culto a San Roque se extendió rápidamente por toda Europa, especialmente en regiones afectadas por epidemias. Se le invoca como protector contra la peste, enfermedades infecciosas y desastres naturales. Su figura es venerada tanto en la Iglesia Católica como en la religiosidad popular.

Hoy en día, la celebración de San Roque varía según la región, pero generalmente incluye misas, procesiones y la bendición de animales, en memoria del perro que cuidó de él. En muchos lugares, se organizan ferias y festivales en su honor, manteniendo viva la tradición de pedir su intercesión para la salud y el bienestar de la comunidad.
