Texto y fotos: Teo Victoria
Cada 13 de junio, la iglesia de San Antonio de Padua, ubicada en la colonia Obrera al sur de Tuxtla Gutiérrez, se llena de fe, color y devoción. Cientos de feligreses acuden con esperanza a rendir homenaje a uno de los santos más queridos y milagrosos del catolicismo: San Antonio, patrono de las causas difíciles, de las cosas perdidas y —para muchos— también de los enamorados.
El fervor popular ha dado lugar a múltiples tradiciones. Una de las más arraigadas es la de pedir 12 monedas a 12 caballeros distintos para ofrecérselas al santo el mismo día de su celebración, con la esperanza de obtener el favor de un amor correspondido o un deseo muy anhelado.
El templo se transforma en un santuario de flores, especialmente rojas, que adornan el altar donde San Antonio sostiene al Niño Jesús. A sus pies, una multitud de veladoras plateadas encienden los rostros de quienes oran en silencio, agradecen los milagros recibidos o elevan nuevas peticiones.
Este día no solo representa una tradición religiosa, sino también una manifestación profunda de la cultura popular chiapaneca, donde la fe y la esperanza se entrelazan con gestos de cariño y creencias heredadas.
¡Qué viva San Antonio de Padua!
Y que nunca falte la fe de los corazones que siguen creyendo en sus milagros.

















