El fotógrafo chiapaneco que transita entre lo real y lo onírico
Texto: Gilbert Díaz – Fotos de cortesía
Originario de Tuxtla Gutiérrez, Roberto Tondopó es uno de los fotógrafos contemporáneos más reconocidos del sur de México. Estudió la Maestría en Artes Visuales en la UNAM y se formó en el Seminario de Fotografía Contemporánea del Centro de la Imagen, consolidando un lenguaje propio que cruza experiencia íntima, territorio y herencia cultural. Su obra ha sido exhibida en espacios como la Bienal Photoquai de París, PhotoEspaña y galerías de Los Ángeles; recibió becas como la Tierney Fellowship, la Robert Giard Foundation y pertenece al Sistema Nacional de Creadores de Arte. Ha publicado libros como “Casita de turrón” y su trabajo forma parte de colecciones nacionales e internacionales.
Su creación gira en torno al cuerpo, la identidad, el duelo y la memoria, conectando tradiciones de Chiapas, como las danzas de la Fiesta Grande de Enero en Chiapa de Corzo y los zoques de Tuxtla Gutiérrez, con símbolos mesoamericanos y reflexiones sobre la fragmentación y la reconstrucción. Con una estética cargada de simbolismo, evita lo decorativo para convertir cada imagen en un espacio de pensamiento y diálogo entre lo personal y lo colectivo, lo ancestral y lo actual.
Su exposición individual más reciente es “Tránsito. Invocación a Coyolxauhqui”, inaugurada el 8 de julio de 2026 y abierta al público hasta el 15 de agosto del mismo año en el Museo Archivo de la Fotografía de la Ciudad de México. Comisariada por Balam Bartolomé, también de origen chiapaneco, reúne piezas seleccionadas de más de trece años de trayectoria, que dialogan con el recinto: ubicado muy cerca del sitio donde se halló el monolito de la diosa lunar Coyolxauhqui en 1978.
El proyecto toma la figura de la deidad desmembrada como metáfora del cuerpo roto, la identidad fragmentada y el tránsito hacia la sanación. Al recontextualizar obras previas, la muestra propone leer la fotografía como acto de invocación: cada imagen teje espiritualidad, territorio y memoria, invitando a repensar el mito como lenguaje vivo que sigue acompañando las experiencias humanas hoy.























