
El 22 de septiembre marca oficialmente el inicio del otoño en México, un cambio de estación que trae consigo una paleta de colores cálidos y una atmósfera nostálgica. Los días se acortan, las temperaturas descienden gradualmente y el paisaje se transforma con tonos dorados y rojizos. Este equinoccio no solo anuncia una transición climática, sino también el comienzo de un período lleno de tradiciones y celebraciones arraigadas en la cultura mexicana.

Con la llegada del otoño, los mercados y hogares mexicanos se llenan de los sabores y aromas de la temporada. Frutas como la granada, el tejocote, la mandarina y la calabaza se convierten en protagonistas de la gastronomía, mientras que flores como el cempasúchil y el crisantemo inundan los altares y jardines. Estos elementos naturales no solo adornan el entorno, sino que también simbolizan la conexión entre la vida y la muerte, preparando el camino para una de las festividades más importantes del país: el Día de Muertos.

El Día de Muertos, celebrado a finales de octubre y principios de noviembre, es una festividad que honra a los difuntos con altares coloridos, ofrendas de comida y bebida, y rituales llenos de simbolismo. Esta tradición ancestral refleja la profunda relación de los mexicanos con la muerte, vista no como un final, sino como una continuación de la vida en otro plano. El otoño, con su atmósfera melancólica y sus colores terrosos, crea el escenario perfecto para esta celebración llena de respeto, amor y memoria.

