María Josefa Crescencia Ortiz Téllez-Girón (8 de septiembre de 1768 – 2 de marzo de 1829) fue una figura clave en el movimiento de Independencia de México, reconocida históricamente como La Corregidora debido a su matrimonio con Miguel Domínguez, corregidor de Querétaro. Nacida en la Ciudad de México, hija de José Ortiz Vázquez y Manuela Téllez Girón, quedó huérfana joven, recibió educación en el Colegio de Vizcaínas y desde su juventud estuvo inserta en círculos intelectuales y sociales que la conectaron con ideas ilustradas y con quienes más tarde serían insurgentes.

Durante los años previos al estallido formal de la independencia, Josefa Ortiz jugó un papel activo en la llamada Conspiración de Querétaro, veladas intelectuales y reuniones secretas que reunían a criollos inquietos por la crisis en España, el descontento con las políticas virreinales y la fragilidad de la Corona española. Al descubrirse que la conspiración había sido descubierta por las autoridades, Josefa envió alertas a líderes como Miguel Hidalgo e Ignacio Allende, lo que permitió que el movimiento insurgente se adelantara. Fue detenida en al menos dos ocasiones, pero su influencia persistió hasta después de la consumación de la lucha independentista.
Hasta fechas recientes, su memoria pública incluyó casi inevitablemente el apellido de su esposo, “de Domínguez”, como parte de su identidad histórica oficial. Sin embargo, en 2025 ocurrió un cambio decisivo: el Senado de México aprobó reformas a la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacional para eliminar el “apellido de casada” en al menos dos mujeres que han sido heroinas de la patria —Josefa Ortiz (anteriormente “de Domínguez”) ahora será reconocida oficialmente como Josefa Ortiz Téllez Girón, y Margarita Maza “de Juárez” como Margarita Maza Parada. Este cambio es parte de movimientos más amplios de reconocimiento de las mujeres independientes históricamente, su agencia y sus convicciones propias, no definidas simplemente por su relación matrimonial.

Este reconocimiento ha sido acompañado también por señales públicas y gubernamentales: el programa de la Secretaría de Educación Pública ha dedicado secciones “Mujeres en la historia” para difundir la participación activa de Josefa Ortiz Téllez Girón, remarcando sus convicciones, su agencia política, su valentía tras ser detenida, y su rechazo posterior a colaborar o pertenecer a la corte imperial de Agustín de Iturbide por no concordar con sus principios. La presidenta Claudia Sheinbaum ha pronunciado su nombre con el apellido de soltera en ceremonias como el Grito de Independencia y en otros eventos oficiales, como símbolo del cambio en cómo se ve la memoria histórica de las mujeres.

Reconocerla por su nombre de soltera no es solo un gesto simbólico: es una forma de reivindicar que la historia de la patria también fue forjada por mujeres con decisiones, ideas y riesgos propios. Josefa Ortiz Téllez Girón no fue solamente la esposa del corregidor, ni solo la mujer que abrió puertas, sino una estratega, una conspiradora, un enlace de redes insurgentes, una voz que denunció, alertó, resistió. Su legado se vuelve más completo cuando se la entiende en sus propios términos, cuando se valora su trayectoria más allá de la sombra marital. Que su nombre oficial hoy sea Josefa Ortiz Téllez Girón representa un paso hacia contar una historia más justa e igualitaria, donde las mujeres no sean simplemente marcadas por su relación con hombres, sino reconocidas por lo que hicieron y por quiénes fueron.
