Grupo Carso anunció que firmó con Petróleos Mexicanos (Pemex) un contrato para financiar la perforación y terminación de hasta 32 pozos en el campo Ixachi, ubicado en Veracruz, por un monto máximo de US$1,991 millones (mil 991 mdd). El contrato contempla que, si no se perforan los 32 pozos, el monto se reducirá proporcionalmente, y el trabajo tiene un horizonte de ejecución de aproximadamente tres años.

Según reportes internacionales, la operación está concebida como financiamiento por parte de Grupo Carso y pagos diferidos por parte de Pemex: algunas fuentes indican que los pagos al consorcio comenzarían en enero de 2027 y que se usarán los ingresos derivados de los hidrocarburos comercializables de la propia asignación de Pemex para cubrir las obligaciones. El diseño del flujo de pago apunta a que Pemex mantendrá la propiedad de los recursos mientras aprovecha capital privado para acelerar la producción.
Ixachi es considerado uno de los descubrimientos terrestres más relevantes de México en las últimas décadas: es un yacimiento de gas y condensados que puede contribuir de forma significativa a la producción nacional y a los esfuerzos del gobierno por reducir importaciones de gas. Pemex y el gobierno han priorizado proyectos como Ixachi para impulsar la autosuficiencia energética, y la llegada de financiamiento privado es vista como una forma de acelerar la perforación y la puesta en producción.

El acuerdo también se inscribe en un movimiento más amplio de colaboración entre empresas del grupo de Carlos Slim y Pemex: en meses previos hubo conversaciones públicas (confirmadas por la Presidencia en marzo de 2025) sobre inversiones y posibles contratos en Ixachi y otros proyectos como Lakach, y Grupo Carso ya había participado en trabajos de perforación y servicios en campos asociados. El contrato con Ixachi refuerza el papel de proveedores privados en el plan de Pemex para aumentar producción frente a limitaciones presupuestarias.

Las implicaciones económicas y políticas son claras: por un lado, inyectar casi 2,000 mdd en perforación puede acelerar generación de volúmenes vendibles y, por ende, ingresos futuros para Pemex; por otro, el esquema de financiamiento y la participación de un conglomerado doméstico de alto perfil generan debate sobre riesgos financieros, dependencia de ingresos futuros y la manera en que se combina interés privado con control estatal de los recursos. Analistas y medios seguirán de cerca la ejecución (cuántos pozos realmente se perforen, tiempos de puesta en producción y resultados de producción) para evaluar el impacto real en la operación y en las finanzas de Pemex.
