La violencia que sacude a México tras el abatimiento de El Mencho —líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación— ha encendido una nueva e inesperada incertidumbre: ¿podría México perder su papel como coanfitrión de la Copa Mundial de la FIFA 2026? Aunque aún falta tiempo para el inicio del torneo el 11 de junio, reportes periodísticos extraoficiales y pronunciamientos internacionales señalan que el impacto de los recientes hechos de violencia podría poner en tela de juicio la capacidad del país para garantizar seguridad en varias de sus sedes.
El origen de esta controversia fue la ola de disturbios que estalló tras la muerte de Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, en Jalisco. Bloqueos, incendios, enfrentamientos armados y escenarios de tensión se viralizaron a nivel internacional, sobre todo en zonas cercanas a Guadalajara —que albergará cuatro partidos del Mundial y dos del repechaje— y otras regiones del occidente del país. Estas imágenes han generado inquietud fuera de México sobre si será posible garantizar la seguridad de atletas, equipos y aficionados durante el torneo.

Ante este contexto, la FIFA habría solicitado al gobierno mexicano información detallada sobre la situación de seguridad y los protocolos previstos para proteger los estadios y rutas de traslado en junio. Según informes, tanto consulados como patrocinadores han manifestado su preocupación ante el organismo rector del fútbol mundial, solicitando que se evalúe si México cumple con las condiciones necesarias para seguir como sede. Sin embargo, hasta el momento no existe una postura oficial que confirme la remoción de sedes.
Es importante entender que, de acuerdo con los estatutos de la FIFA, las sedes no son irrevocables. El reglamento contempla mecanismos que permitirían cancelar, reprogramar o incluso reubicar partidos si persisten condiciones de inseguridad que pongan en riesgo la integridad del evento y de quienes asistan a él. Especialistas consultados señalan que, si la violencia continúa en los próximos meses o se recrudece en áreas clave como Jalisco, la organización del Mundial podría verse obligada a tomar medidas drásticas.

En México, las autoridades locales y nacionales mantienen que las actividades para el Mundial siguen en marcha y que las tres sedes mexicanas —Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey— trabajan con normalidad en sus preparativos, aunque sin declaraciones públicas oficiales que aborden directamente las inquietudes internacionales. El silencio institucional contrasta con la intensa cobertura mediática global que ha vinculado los hechos de violencia con la capacidad de México para albergar un torneo de tal magnitud.
La discusión en torno al Mundial 2026 y la seguridad en México refleja un problema de fondo: cómo las tensiones internas, especialmente las relacionadas con el crimen organizado, pueden tener repercusiones más allá de las fronteras nacionales y afectar la percepción global de un país como sede de eventos internacionales. A tres meses del inicio de la Copa del Mundo, la presión aumentará, y la respuesta de las autoridades mexicanas —en coordinación con la FIFA— será crucial para despejar dudas y asegurar que el torneo se dispute tal y como fue planeado en suelo norteamericano.
