
La historia de amor entre Elizabeth Taylor y Richard Burton fue tan apasionada y turbulenta como las películas que protagonizaron juntos. Pero más allá de sus dramas y reconciliaciones, hubo un símbolo tangible de su desmedida devoción: el anillo de compromiso que Richard le obsequió. Este no era un diamante cualquiera; era una gema que capturaría la imaginación del mundo y se convertiría en un ícono por derecho propio, reflejando la magnitud de su romance.

En 1968, Richard Burton sorprendió a Elizabeth con lo que se conocería como el Diamante Krupp, una impresionante piedra de 33.19 quilates, de corte Asscher, y una claridad impecable (D color, VS1). Este diamante, que más tarde sería rebautizado como el “Diamante Elizabeth Taylor”, se convirtió en la pieza central de su colección de joyas y en un testimonio de la opulencia y el amor sin límites que compartían. La actriz lo usaba a diario, incluso en sus películas, lo que lo hizo aún más famoso.

Este diamante no solo fue una joya de valor incalculable, sino también un mudo testigo de una de las historias de amor más fascinantes de Hollywood. A través de dos matrimonios y dos divorcios, el anillo permaneció como un recordatorio constante de su conexión inquebrantable. Tras la muerte de Elizabeth Taylor, el diamante fue subastado por Christie’s en 2011, alcanzando un precio récord y consolidando su lugar no solo en la historia de la joyería, sino también en la crónica de un amor legendario.

