LA MAGIA DE “EL REY LEÓN” CONQUISTÓ TUXTLA GUTIÉRREZ
Texto y fotos: César Wesche
Hay historias que trascienden generaciones porque hablan de algo que todos, sin importar la edad, llevamos dentro: la familia, la pérdida, el amor, la esperanza y la necesidad de encontrar nuestro propio camino. Así llegó a Tuxtla Gutiérrez “El Ciclo Sin Fin, Tributo al Rey León”, una puesta en escena que logró reunir a niños, jóvenes y adultos en un viaje por la sabana africana, pero también por las emociones más profundas del ser humano.
Uno de los momentos más conmovedores ocurrió cuando Rafiki hace comprender a Simba que, aunque su padre ya no está físicamente, puede encontrarlo en los recuerdos y en aquello que dejó sembrado en su corazón. Desde las butacas, la inocencia de un pequeño espectador convirtió aquel instante teatral en una verdadera lección de vida.
Con una voz infantil, espontánea y llena de verdad, expresó que su padre también estaría en sus corazones. La frase provocó suspiros entre los asistentes y recordó a todos que, muchas veces, la mirada de un niño puede explicar con mayor sencillez aquello que a los adultos nos cuesta comprender: que el amor no desaparece cuando alguien deja de estar físicamente presente.
La historia de Simba, el pequeño cachorro destinado a convertirse en rey, cobró vida sobre el escenario a través de una producción que invitó al público a cantar, emocionarse y reflexionar sobre el valor de la familia, la responsabilidad, la memoria y la importancia de levantarse después de las adversidades.
Pero detrás de la magia de la sabana también hubo otro protagonista: el talento chiapaneco. La producción estuvo a cargo del grupo de teatro independiente La Cuarta Pared, integrado por 24 actores y bailarines en escena, con música interpretada completamente en vivo. Un esfuerzo que demostró que en Chiapas existen artistas capaces de construir espectáculos de gran calidad cuando la disciplina, la creatividad y la pasión se encuentran.
Y es precisamente ahí donde la puesta en escena adquiere un significado especial: el teatro no solamente entretiene; también une generaciones, despierta emociones y permite que una comunidad se reconozca en el talento de los suyos. Cada canción, cada coreografía y cada personaje fueron parte de un espectáculo familiar que dejó claro que cuando se trabaja con amor por lo que se hace, el escenario puede convertirse en un puente entre los sueños y quienes tienen la oportunidad de contemplarlos.
Al finalizar la función, el director de la obra agradeció la presencia del público y llamó a continuar apoyando al talento chiapaneco, reconociendo también de manera especial a su familia, que ha acompañado sus proyectos y sueños a lo largo de este camino.
Porque quizá esa sea una de las grandes enseñanzas que dejó “El Ciclo Sin Fin”: la vida continúa, las generaciones cambian y los escenarios se transforman, pero aquello que hacemos con amor permanece.
En una sociedad que muchas veces parece correr demasiado rápido, el teatro nos recuerda que también es necesario detenernos, mirar a quienes tenemos cerca y valorar esos momentos que algún día se convertirán en recuerdos.








































