
Eduardo Chillida Juantegui (1924-2002), nacido en San Sebastián, es uno de los más destacados escultores españoles del siglo XX. Inicialmente estudió arquitectura en la Universidad de Madrid entre 1942 y 1947, pero posteriormente decidió dedicarse a las artes plásticas. En 1948 se trasladó a París, donde conoció al artista Pablo Palazuelo y comenzó a trabajar con materiales como piedra y yeso, inspirándose en las obras arcaicas del Louvre. En 1951 regresó a Euskal Herria y se instaló en Hernani, donde desarrolló gran parte de su producción artística junto a su esposa Pilar Belzunce, su compañera de toda la vida.

Su trayectoria profesional se consolidó rápidamente, con la primera exposición individual en la Galería Clan de Madrid en 1954 y participaciones en importantes eventos internacionales como la Triennale de Milán, donde obtuvo un diploma de honor ese mismo año. A lo largo de su carrera recibió múltiples reconocimientos, entre ellos el Gran Premio Internacional de Escultura de la Bienal de Venecia (1958), el Premio Kandinsky (1960), el Premio Príncipe de Asturias de las Artes (1987) y el Praemium Imperiale (1991). Sus obras han sido expuestas en retrospectivas mundiales y forman parte de colecciones de museos de renombre como el Guggenheim Bilbao, el Art Institute of Chicago y el Tate Gallery de Londres.

La obra de Chillida se caracteriza por la exploración de materiales como hierro, acero, granito, madera y alabastro, así como por su profunda reflexión sobre la relación entre la escultura y el espacio. Entre sus creaciones más emblemáticas se encuentran las Puertas de la Basílica de Aránzazu (1954), la serie “El Peine del Viento” instalada en San Sebastián y en la sede de la UNESCO en París, y la escultura “Berlin” (2000), símbolo de la reunificación alemana. También destacan obras como “Lo profundo es el aire” (1996) y el Monumento a la Tolerancia (1992) en Sevilla. Su trabajo, influenciado por la cultura vasca, filosofías europeas y orientales, y la poesía, concibe el espacio como un elemento fundamental, afirmando que “la escultura es una rebelión contra la gravedad”. En 2000 fundó el Museo Chillida-Leku en Hernani, dedicado a preservar y difundir su legado artístico.

