Desde 1983 en México se instauró el 28 de agosto como el Día de los Abuelos, esto con el fin de reconocer su trabajo y sabiduría, pero sobre todo para enaltecer el éxito de la vejez y el legado de sus deseos.

Nuestro presente está dictado por las decisiones, el trabajo y el cariño con el que nuestros adultos mayores vivieron la mayor parte de su vida y la deuda que tenemos con ellos es enorme; somos fruto de sus anhelos.
“No hay fecha que no llegue ni plazo que no se cumpla”, por ello no podemos ignorar que el envejecimiento poblacional será una de las transformaciones sociales más significativas de nuestro siglo, que traerá cambios en todos los sectores en los que participamos, como los mercados laborales, el sector financiero y sanitario o la demanda de servicios, por mencionar algunos.

Se estima que en 2050 cerca del 30% de la población mexicana tendrá 65 años o más, situación que se presupone pondrá contra las cuerdas a muchos de nuestros sistemas de Seguridad Social y, de no ser abordado como prioridad previsional por las Instituciones y por los usuarios de éstas, comprometerá el desarrollo y la calidad de nuestras sociedades, afectando particularmente a los adultos mayores.
Así pues, vale la pena recordar la importancia del Ahorro Voluntario y de la previsión financiera como puntos angulares en el camino hacia el retiro, buscando siempre el bienestar y la libertad, independientemente de la edad.

