
Nacida en Chicago el 6 de septiembre de 1925 en una familia judía alemana-rusa con vínculos intelectuales y socialistas —su tío abuelo fue el antropólogo Franz Boas—, Mariana Yampolsky llegó a México en 1945 atraída por el Taller de Gráfica Popular (TGP). Estudió pintura y escultura en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda” y se convirtió en la primera mujer del comité ejecutivo del TGP, donde trabajó con Leopoldo Méndez y Pablo O’Higgins, defendiendo causas progresistas a través de las artes. Obtuvo la ciudadanía mexicana en 1958 y vivió en el país hasta su muerte el 3 de mayo de 2002 en Ciudad de México.

Su trayectoria artística comenzó con grabados y pintura, pero en 1948 empezó a experimentar con la fotografía como registro de sus viajes y trabajo gráfico, exponiendo públicamente por primera vez en 1960. Además de ser fotógrafa, se dedicó a la curaduría, la edición y la docencia: fue fundadora del centro de lenguas del IPN y del Salón de la Plástica Mexicana, coeditora de libros como Lo efímero y lo eterno del arte popular de México (junto a Leopoldo Méndez) y fotógrafa oficial de los Juegos Olímpicos de México 1968. Su obra fue exhibida en más de 200 muestras en México y el mundo, y recibió reconocimientos como el premio Miguel Othón de Mendizábal del INAH.

La obra de Yampolsky se caracteriza por una mirada sensible y personal que capturó la diversidad de la vida cotidiana en México: tradiciones indígenas y populares, retratos de personas en zonas rurales, arquitectura popular, rituales y costumbres. Entre sus piezas emblemáticas se encuentran La ciega (1964), La escoba (1970) y La pisada del ángel (1990), todas realizadas en impresión en plata de gelatina. Su legado incluye más de 70,000 negativos resguardados en la Universidad Iberoamericana y su obra ha sido reconocida como patrimonio documental de México por la UNESCO.

