Dos grandes juntos en un mismo escenario
Texto y fotos: César Wesche
Por primera vez, dos de las agrupaciones más emblemáticas del regional mexicano compartieron escenario en Tuxtla Gutiérrez. En una noche que se sintió como un homenaje a la historia viva del género, Grupo Pesado y El Trono de México unieron su talento, sus voces y su legado para ofrecer un concierto que quedará grabado en el corazón de miles. Fue una celebración de raíces, amores y desamores, narrados con ese estilo auténtico que solo los grandes pueden entregar.
Desde los primeros acordes, la energía del público se mezcló entre euforia y emoción. Asistentes de distintas generaciones—jóvenes y quienes han seguido a estas agrupaciones por décadas—se rindieron ante el poder de las letras, los acordes de acordeón y tuba, y la nostalgia única que solo el regional mexicano sabe provocar.
El Trono de México se apoderó del escenario con su inconfundible estilo romántico y duranguense, que marcó a toda una generación. Con temas como Te ves fatal, Sólo para ti y Ganas de volver, la agrupación encendió la chispa de los recuerdos. Parejas se abrazaron, amigos corearon al unísono y cada letra se convirtió en una caricia al alma.
El joven y talentoso Emiliano Zahena, quien debutó hace unos meses con su sencillo Todo y nada y es sobrino de Beto Zapata, se presentó acompañado de mariachi para abrir la participación de Grupo Pesado. Con su inconfundible estilo norteño, la agrupación regia hizo cantar a todo pulmón al público con clásicos como Mi primer amor, Ojalá que te mueras y A chillar a otra parte. Más allá de los éxitos, la conexión entre la banda y sus fans—construida a lo largo de más de tres décadas—se sintió más fuerte que nunca.
Pesado demostró por qué se les conoce como “los ídolos del pueblo”: su entrega fue total, su interpretación impecable y su presencia, imponente. Cada canción se volvió un retrato de emociones cotidianas, de historias de amor que duelen pero también enseñan a vivir.
Ambos grupos, en su esencia distinta pero complementaria, ofrecieron una noche en la que la música se convirtió en puente entre el ayer y el hoy. No solo hicieron vibrar el escenario, sino que recordaron por qué su legado sigue vigente: porque su música habla de la vida, sin filtros, con verdad y sentimiento.
El detalle que dio un toque especial a la velada fue el escenario de 360°, que permitió que cada rincón del público disfrutara de cerca a estos dos grandes del regional mexicano.
Entre luces, aplausos y corazones abiertos, Pesado y El Trono de México confirmaron que el regional mexicano está más vivo que nunca, y que cuando las canciones se cantan desde el alma, se vuelven eternas.























