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Home Curiosidades

El Hombre de la Máscara de Hierro: Entre la leyenda y el misterio de la historia francesa

Aunque la versión más popular fue inmortalizada por Alexandre Dumas, la verdadera historia detrás de este enigmático personaje es un entramado de poder, silencio y secretos del Estado.

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En 1717, el famoso filósofo, dramaturgo e historiador Voltaire pasó unos meses en la prisión de la Bastilla por escribir textos donde se burlaba y exhibía los excesos del regente de Francia. Años después, en una carta dirigida a un abad, mencionó que, a través de los carceleros, supo que en la prisión vivía un misterioso personaje que era obligado a llevar una máscara de hierro. Con el paso del tiempo fue contando más detalles: la máscara tenía el espacio suficiente para permitir el paso de alimentos y para poder respirar sin dificultad, por lo que los carceleros tenían la indicación de matarlo si se la trataba de quitar.

El gobernador de la prisión le llevaba personalmente la comida a su celda, que, dicho sea de paso, estaba ricamente decorada y tenía muchas comodidades. Incluso le permitían tener una guitarra. Se cuenta que, en una ocasión, talló su verdadero nombre y un mensaje en un plato de plata y lo arrojó por la ventana para que se supiera el secreto y lo rescataran; el plato fue encontrado por un pescador, quien lamentablemente no sabía leer.

 

Así que devolvió el plato al gobernador de la prisión, que al ver el mensaje se puso pálido y le dijo al pescador: “Eres muy afortunado al no saber leer, puedes irte”. Voltaire concluyó que, si el personaje era muy bien atendido, si su nombre causaba temor en sus carceleros y si su rostro era ocultado, era porque se trataba de alguien muy famoso. Y eso llevó al rumor de que el prisionero era el hermano mayor o incluso el gemelo de Luis XIV.

 

Un siglo después, Alexandre Dumas publica su obra El vizconde de Bragelonne, la última parte de la trilogía de Los tres mosqueteros. En la novela, uno de los mosqueteros, Aramis, ya no era un simple mosquetero; termina como obispo, y eso lo lleva a escuchar la confesión de una nodriza en su lecho de muerte. La mujer le contó que ayudó a dar a luz a la reina y que la noche que nació el rey Luis XIV, el 5 de septiembre de 1638, en realidad nacieron dos niños y, ante el temor de una futura guerra por el trono, decidieron ocultar al segundo niño.

 

Lo condenaron a llevar un velo de terciopelo negro y creció entre los muros de distintas prisiones, lejos del contacto humano. Al escuchar esta confesión, Aramis rastreó el paradero del joven y se entrevistó con él bajo el pretexto de confesarlo. Al estar solos le pidió alzarse el velo de terciopelo y comprobó que el amable joven era idéntico al rey.

 

En realidad, la obra no dice que Luis XIV fuera un mal monarca; sólo que el mosquetero, que buscaba ser papa y consideraba que el rey había frustrado su carrera, lo veía mediocre para gobernar y organiza un complot para usar al hombre de la máscara de terciopelo. Aquí los ideales de los mosqueteros se dividen: D’Artagnan y Athos permanecerán leales a Luis XIV, mientras que Porthos y Aramis secuestran al rey y lo intercambian por su hermano gemelo.

Al final, D’Artagnan descubre el complot y libera a Luis XIV, quien condena a su hermano a pasar el resto de su vida con una máscara que, a diferencia de la de terciopelo, jamás se podrá quitar: la famosa máscara de hierro. D’Artagnan persigue a sus amigos hasta una fortaleza, donde Porthos da su vida para que Aramis pueda escapar. Luego les cuento la historia de los tres mosqueteros; el punto es que así nace la leyenda del hombre de la máscara de hierro.

Pero, ¿hay algo de cierto en todo esto, existió un prisionero con una máscara de hierro?, La respuesta corta es sí, aunque la realidad resulta mucho más decepcionante y distinta de la leyenda que hemos creado sobre este personaje, quien por cierto, jamás usó una máscara de hierro, era de terciopelo. Los registros confirman que existió un preso llamado Eustache Dauger, que, tras su ingreso a la prisión de Pignerol en 1669, inició un peregrinar por distintas cárceles y, en cada traslado, cubrían su rostro con un velo de terciopelo.

Aunque el preso sí existió, murió décadas antes de que Voltaire estuviera en la Bastilla, probablemente escuchó una historia sobre él, pero detalles como la máscara de hierro y que fuera hermano del rey, fueron añadidos suyos y más tarde de Dumas, sin ningún fundamento histórico. Los partos reales se hacían en presencia de testigos para que nadie pudiera reclamar que no era hijo del rey o que habían cambiado al niño o niña; de esta forma se eliminaba todo rumor de ilegitimidad. Así que no pudo existir otro niño, o es altamente improbable. Además Las fuentes dicen que el preso era tratado como criado de otros presos con mayor nobleza y vivía sin lujos, no como vivían los prisioneros nobles. Se encontraron cartas de los carceleros donde admiten inventar fábulas a otros presos sobre este prisionero para entretenerse. Así que como verán, conforme se han ido encontrando documentos, se ha descubierto que la realidad nos arruinó una gran historia.

Al final, el hombre de la máscara de hierro resultó ser un hombre acusado de espionaje que, en realidad, sólo usaba una máscara de terciopelo negro cuando lo movían de prisión a prisión porque el gobernador quería aumentar su prestigio exagerando la importancia del preso. Pero no se preocupen que mañana nos vemos con otra historia y esa sí resultó ser verdadera.

Tags: franciaHierroleyendaMascara
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