
La oscarizada película ‘Lawrence de Arabia’ (1962), dirigida por David Lean y protagonizada por Peter O’Toole, supone una de las cimas cinematográficas dentro del género de aventuras. En ella se narra la participación del oficial británico T. E. Lawrence en la revuelta árabe contra el Imperio otomano durante la Primera Guerra Mundial.
La imagen del héroe solitario británico que unifica a las tribus árabes ha fascinado a la audiencia durante décadas, pero también ha generado controversia por contener algunas evidentes inexactitudes históricas.

Uno de los personajes más emblemáticos y carismáticos de la cinta es el del príncipe Fáysal ibn Husáyn, un ilustre miembro de la familia de los hachemitas que ve cómo su territorio es ocupado por los otomanos, a quien interpreta el actor británico Alec Guinness. En la película, su personalidad serena y diplomática está habitualmente subordinada a los planes de T. E. Lawrence, siendo mostrado como un consejero más que como un líder político.
Sin embargo, en realidad Fáysal ibn Husáyn fue conocido por ser un hábil diplomático con una gran astucia en las negociaciones, además de por erigirse como una de las figuras clave del nacionalismo árabe moderno. Su enorme liderazgo fue legítimo y ampliamente reconocido, y en realidad fue T. E. Lawrence quien se desempeñó como su asesor personal y su traductor, y no al contrario.

En una de las secuencias más recordadas del filme, vemos como T. E. Lawrence se lanza a cruzar el peligroso desierto de An-Nafud en una misión casi suicida, guiando a un reducido grupo con el que pretende realizar un ataque sorpresa a las tropas otomanas afincadas en Aqaba, que esperan recibir el ataque por vía marítima. La escena, más que una ingeniosa maniobra militar, es prácticamente mostrada como un acto de fe, potenciando la visión romántica alrededor del personaje protagonista.
No obstante, el ataque a Aqaba, que se llevó a cabo históricamente el 6 de julio de 1917, distó mucho de lo mostrado en la película. Para empezar, el desierto no era un territorio impenetrable, ya que los beduinos conocían rutas por las que transitaban habitualmente. Además, la operación no fue una improvisación estratégica surgida de la mente de T. E. Lawrence, puesto que el jeque Auda Abu Tayi tomó parte en la elaboración del plan y además dirigió personalmente el combate.

Finalmente, la ficción cinematográfica se recrea en una secuencia en la que, tras la conquista de Damasco el 1 de octubre de 1918, T. E Lawrence organiza un gobierno provisional árabe que, sin embargo, acaba autodestruyéndose víctima de las disputas internas por el poder, su propia desorganización y el caos, mostrando cómo la ilusión se desintegra antes de convertirse en realidad.
Pero en contraste a lo mostrado en la película, históricamente Damasco fue recuperada por las tropas árabes de Fáysal, junto con unidades británicas y australianas, relegando a T. E. Lawrence a un papel secundario de carácter más protocolario. El gobierno provisional árabe fue instaurado por el propio Fáysal, y funcionó durante dos años, hasta que fue derrocado por los franceses el 24 de julio de 1920 en la batalla de Maysalun, por lo que su fracaso fue resultado del colonialismo europeo y no de las tensiones internas.

