
A finales de los años ochenta y principios de los noventa, México vivió un resurgimiento deportivo-cultural que unió velocidad, música y espectáculos bajo un mismo rugido de motores: la moderna Carrera Panamericana. Fue en ese contexto que dos íconos del rock británico, David Gilmour (guitarrista y vocalista de Pink Floyd) y Nick Mason(baterista), se embarcaron no solo en observar, sino en competir; una aventura que dejó una huella imborrable en la memoria colectiva, especialmente en regiones como Chiapas, punto de partida de muchas ediciones.
La Carrera Panamericana moderna, relanzada en 1988, tenía como un sello distintivo iniciar muchas de sus etapas en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, ciudad desde la cual los autos, piloteados por entusiastas nacionales e internacionales, partían hacia los estados del norte. Gilmour y Mason, ya identificados por su pasión automovilística además de musical, se inscribieron pues no solo querían observar, sino experimentar la ruta completa con su emoción, sus riesgos y su belleza.

En la competencia Nick Mason formó dupla con Guy Edwards, y compitió al volante de un Lancia Aurelia B20 GT, logrando un octavo lugar general en alguna de sus participaciones. David Gilmour corrió con Steve O’Rourke, su manager, en un Jaguar MK2. Su participación tuvo que interrumpirse tras un accidente: O’Rourke sufrió una fractura en la pierna, Gilmour salió con algunas contusiones menores.
Para ellos, la Carrera Panamericana no fue solamente un evento automovilístico, sino una fuente de inspiración artística. Producen un documental llamado “La Carrera Panamericana with Music by Pink Floyd” (1991), el cual retrata su experiencia en la ruta, los contrastes de paisaje y cultura, los autos clásicos, la velocidad, la tensión, los paisajes mexicanos. La banda sonora del documental incorpora tanto música preexistente de Pink Floyd como composiciones nuevas hechas especialmente para ese proyecto, incluyendo temas como “Carrera Slow Blues” y “Pan Am Shuffle”, entre otros.


Aunque muchas crónicas mencionan que la salida de la carrera en esas ediciones modernas era desde Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, la documentación específica sobre la presencia física de Gilmour y Mason en cada pueblo o ciudad por la que pasó la ruta en Chiapas (aparte de la capital) es escasa. Se sabe que Chiapas —debido a su geografía, su belleza escénica y la logística del arranque— fue significativo como punto de arranque, marcando kilómetros iniciales y generando expectación.

Su participación ayudó a internacionalizar la Carrera Panamericana aún más, dándole cobertura mediática no solo en medios de automovilismo sino también en medios culturales y musicales. Inspiró admiración en aficionados de México, y en localidades por donde pasaba la ruta (incluyendo Chiapas) se recordaba con orgullo que parte de la banda sonora internacional del rock estuvo en las carreteras mexicanas. También dejó la lección de que incluso para figuras de fama mundial, la pasión por la velocidad y los autos clásicos puede tener consecuencias riesgosas.

