Jane Goodall, nacida en Londres en 1934, falleció el 1 de octubre de 2025 a los 91 años, dejando un legado inmenso en la primatología, en la conservación de los ecosistemas y en la sensibilización del mundo sobre nuestra responsabilidad con la naturaleza. Comenzó su carrera sin formación universitaria formal en biología, trabajando como secretaria y asistente de filmación, hasta que su pasión la llevó a África, donde Louis Leakey la apoyó para iniciar sus estudios con chimpancés salvajes en el Parque Nacional Gombe, en Tanzania, en 1960.

Desde el inicio, sus observaciones desafiaron ideas establecidas: demostró que los chimpancés no sólo podían usar herramientas, sino también fabricarlas; que no eran simplemente vegetarianos; que poseían una jerarquía social compleja, individualidades, emociones, relaciones sociales profundas, e incluso comportamientos que antes se pensaba exclusivos de los humanos. Estas revelaciones transformaron la idea de lo que significa ser humano en relación con otros primates y obligaron a la comunidad científica a replantear la barrera que muchos situaban entre humanos y animales.

Además de su investigación de campo, Goodall fue una incansable promotora de la conservación y del activismo ambiental. En 1977 fundó el Jane Goodall Institute, que trabaja para proteger a los chimpancés y sus hábitats, así como para educar y movilizar comunidades locales. En 1991 estableció además el programa juvenil Roots & Shoots, con la idea de involucrar a jóvenes en proyectos que beneficien a animales, personas y medio ambiente. Con estas acciones buscó no sólo estudiar sino proteger activamente los entornos naturales de los primates y, a través de ese ejemplo, inspirar una cultura de conservación global.

Entre sus reconocimientos más destacados se encuentran haber sido nombrada Dame Commander of the Order of the British Empire (DBE), recibir el Templeton Prize en 2021, la Presidential Medal of Freedom de Estados Unidos en 2025, y múltiples honores de diversas naciones y organizaciones por su contribución tanto científica como humanitaria. También fue Mensajera de Paz de las Naciones Unidas.
El legado de Jane Goodall va mucho más allá de los datos recogidos en el campo: ella cambió la forma en que vemos a los animales, la naturaleza y a nosotros mismos. Su trabajo dejó claro que los chimpancés y otros seres vivos tienen individualidad, emociones y un papel activo en sus ecosistemas. Además, sus proyectos han sembrado conciencia social, han promovido el respeto al entorno, han impulsado la educación ambiental y han mostrado que cada persona, desde cualquier lugar del mundo, puede contribuir a la conservación. Su voz, activa incluso en sus últimos años, inspiró generaciones para cuidar el planeta, abrazar la empatía hacia otras especies y enfrentar desafíos como la destrucción de hábitats, el cambio climático y el comercio ilegal de animales. En su partida, el mundo pierde una pionera, pero su obra permanece viva, sembrando esperanza y responsabilidad
