México es hogar de una diversidad única de flores endémicas que forman parte de su riqueza natural y cultural. Entre ellas destacan la dalia, la Laelia speciosa, el cempasúchil y varias especies de magnolia, todas con gran valor ecológico y simbólico.
La dalia (Dahlia spp.), declarada Flor Nacional en 1963, es originaria de los bosques templados del centro de México. Reconocida mundialmente por la variedad de formas y colores de sus flores, fue utilizada desde la época prehispánica por sus raíces tuberosas comestibles.

La Laelia speciosa, también llamada flor de mayo, es una orquídea que habita en los bosques de pino y encino del centro-occidente del país. Sus flores grandes y coloridas la han convertido en una de las orquídeas más apreciadas, aunque enfrenta riesgos por la pérdida de su hábitat.

El cempasúchil (Tagetes erecta), conocido como flor de muerto, es símbolo de la tradición del Día de Muertos. Con sus pétalos anaranjados intensos, se cree que guía con su aroma y color a las almas en su regreso al mundo de los vivos. Además, posee usos medicinales y ornamentales.

Finalmente, las magnolias mexicanas como Magnolia dealbata y Magnolia schiedeana embellecen los bosques de niebla con sus grandes flores fragantes. Estas especies, en peligro por la deforestación, son clave para la polinización y la conservación de la biodiversidad.

