
“Macario”, una joya del cine mexicano dirigida por Roberto Gavaldón en 1960, es una película que resuena profundamente con la llegada del otoño y la celebración del Día de Muertos. Basada en el cuento homónimo de B. Traven, la película narra la historia de un campesino humilde y hambriento que, en su desesperación, hace un pacto con la Muerte. La fotografía en blanco y negro, a cargo de Gabriel Figueroa, es un elemento clave que realza la atmósfera sombría y mística de la historia, capturando la esencia del México rural y sus tradiciones.

La fotografía de “Macario” es una obra maestra en sí misma. Figueroa utiliza la luz y la sombra de manera magistral para crear imágenes impactantes y llenas de simbolismo. Los paisajes áridos y los rostros curtidos de los personajes reflejan la dureza de la vida en el campo, mientras que los contrastes lumínicos intensifican el drama y la tensión de la trama. Cada encuadre está cuidadosamente compuesto para transmitir emociones y contar la historia de manera visualmente cautivadora.

“Macario” es mucho más que una película; es un reflejo de la cultura mexicana y su relación con la muerte. La película aborda temas como la pobreza, la ambición y la mortalidad, invitando a la reflexión sobre la vida y el más allá. Su ambientación en el contexto del Día de Muertos, con sus altares, ofrendas y rituales, la convierte en una obra emblemática para celebrar esta festividad. “Macario” sigue siendo una película relevante y conmovedora que continúa resonando en el corazón de los mexicanos.

