La noche del lunes 18 de agosto de 2025, aproximadamente a las 10:30 p.m., un comando de “piratas” encapuchados y armados irrumpió en la plataforma Akal-Romeo, satélite del complejo petrolero Akal, sobre el campo Cantarell en la Sonda de Campeche. Los asaltantes llegaron en lancha rápida, amenazaron a los trabajadores, realizaron detonaciones intimidatorias y se apoderaron de Equipos de Respiración Autónoma (ERA) antes de huir sin que hasta ahora se reportaran personas lesionadas.

Hasta el momento de la cobertura, ni Pemex ni la Secretaría de Marina (Semar) han emitido un comunicado oficial sobre el incidente. Sin embargo, se sabe que Semar inició investigaciones para capturar a los responsables. Este ataque se suma al patrón creciente de asaltos similares en la región: en febrero de 2025, otro comando asaltó la plataforma Zaap Delta—parte del complejo Ku Maloob Zaap—robando también equipos especializados.

La sustracción de los ERA, equipos esenciales para la seguridad en espacios confinados en alta mar, representa un riesgo crítico para las operaciones y la integridad del personal. Además, la falta de presencia disuasoria efectiva de la Marina en la Sonda de Campeche expone la vulnerabilidad de estas infraestructuras estratégicas. La creciente frecuencia de estos hechos genera alarma tanto entre analistas de la industria energética como entre los empleados del sector.
La piratería marítima contemporánea, mucho menos romántica que en épocas pasadas, sigue siendo una amenaza significativa para trabajadores del mar y operaciones estratégicas. En regiones como el Golfo de Guinea, el estrecho de Malaca o el Golfo de Adén, se siguen reportando secuestros, asaltos violentos y robos de carga e infraestructura, con pérdidas multimillonarias y graves consecuencias humanas. En el caso de México, trabajadores en plataformas de Pemex han expresado sentirse indefensos, temiendo por sus vidas ante la interrupción lenta de la respuesta naval e incidentes previos que dejaron cuantiosas pérdidas materiales.

Este tipo de incidentes implica tanto pérdidas materiales (como los ERA sustraídos) como daños al capital humano, al generar estrés y miedo en el personal que vive en estas estructuras. La continuidad operativa puede verse afectada si estas ausencias ponen en peligro las condiciones de seguridad. A nivel institucional, se requiere fortalecer la vigilancia marítima, acelerar la respuesta a emergencias y evaluar mecanismos de protección especializados, tal como lo han demandado expertos y senadores ante el aumento de la piratería en el Golfo de México
