Médicos Sin Fronteras fue fundada en 1971 en Francia por un grupo de médicos y periodistas desencantados con la neutralidad del Comité Internacional de la Cruz Roja, en respuesta a crisis como el genocidio en Biafra y las inundaciones en Pakistán Oriental. Su misión es brindar asistencia médica de urgencia a poblaciones afectadas por conflictos, desastres naturales o exclusión sanitaria, sin discriminación de raza, religión, credo o afiliación política. MSF se rige por los principios de imparcialidad, neutralidad e independencia política o religiosa.

Desde sus modestos inicios, MSF ha crecido hasta convertirse en un movimiento internacional: cuenta con más de 67,000 personas involucradas (profesionales de salud, logística, comunicación y más) y realiza millones de consultas médicas anuales en más de 70 países. La estructura global se apoya en seis centros operativos (París, Bruselas, Ámsterdam, Ginebra, Barcelona y África Occidental y Central) y 24 secciones nacionales, coordinadas por un Consejo Internacional con sede en Ginebra.

Aproximadamente el 90 % de los fondos de MSF provienen de donaciones privadas; el restante proviene de entidades corporativas, lo que garantiza su independencia política. En 1999 la organización recibió el Premio Nobel de la Paz por su trabajo humanitario pionero y su compromiso por “dar testimonio” de las crisis graves que atienden.

MSF interviene en contextos críticos como conflictos armados, epidemias y crisis migratorias. Por ejemplo, ha estado activa en Colombia, Venezuela, Haití, México y Centroamérica, brindando atención médica, psicológica, sanitaria y apoyo a migrantes, desplazados y víctimas de violencia . En 2025, denunció el impacto devastador de ciertas políticas migratorias y atendió miles de víctimas de violencia sexual y de salud mental. También ha protagonizado campañas públicas para denunciar la violencia sexual en zonas de conflicto, como en República Democrática del Congo, y ha brindado servicios de ambulancia en Ucrania durante conflictos armados.

El trabajo de MSF no está exento de peligros. En mayo de 2025, un hospital y farmacia de MSF en Old Fangak, Sudán del Sur, fueron bombardeados deliberadamente, causando muertos y heridos —un acto que la ONU calificó como posible crimen de guerra—. Asimismo, el doctor Mohamed Bashir, excoordinador en Sudán, describió el colapso del sistema de salud y la indiferencia internacional ante el sufrimiento de la población en conflicto. En Gaza, MSF ha documentado el trauma emocional de niñas y niños, trabajando para brindar apoyo psicológico en medio de la devastación.
