
El 19 de abril de 1882 dejó de existir uno de los científicos más importantes de la historia, Charles Darwin. Nacido en Inglaterra en 1809, su vida estuvo marcada por una inmensa curiosidad por el mundo natural. Su trayectoria cambió para siempre tras su viaje a bordo del HMS Beagle, una expedición de casi cinco años que le permitió explorar Sudamérica y las islas Galápagos, observando una increíble diversidad de especies y recopilando las evidencias que luego transformarían nuestra comprensión de la vida.

Su obra cumbre, “El origen de las especies”, publicada en 1859, introdujo la teoría de la evolución mediante la selección natural. Darwin explicó cómo los seres vivos se adaptan y cambian a lo largo del tiempo, asegurando que aquellos individuos con características más favorables para su entorno son los que sobreviven y se reproducen. Esta idea no solo revolucionó la biología, sino que también desafió profundamente las creencias y concepciones de su época sobre el origen de la vida.

Hoy, a más de un siglo de su partida, su legado sigue más vigente que nunca. Sus investigaciones son la base de la biología moderna y han abierto las puertas a innumerables avances en medicina, genética y ecología. Recordar su aniversario luctuoso es celebrar el pensamiento crítico, la observación rigurosa y la valentía de cuestionar el statu quo en busca de la verdad científica.

