
El volcán Chichonal, desencadenó una serie de explosiones entre el 28 de marzo y el 4 de abril de 1982, con su brote inicial registrado en la noche del 28 de marzo. Antes de esta erupción, el volcán había permanecido inactivo durante siglos, lo que llevó a que la población local no contara con preparativos específicos para un evento de tal magnitud. La actividad volcánica incluyó la emisión de columnas de ceniza que alcanzaron hasta los 20 kilómetros de altura, así como la formación de flujos piroclásticos y lahars que se extendieron por kilómetros a la redonda.

Esta erupción es clasificada como una de las más fuertes de México en el siglo XX, con un índice de explosividad volcánica (VEI) de 5. Solo es superada en magnitud por la erupción del volcán Paricutín en los años 1943-1952. La cantidad de material eruptado fue de aproximadamente 2.5 kilómetros cúbicos, incluyendo ceniza, rocas fragmentadas y gases volcánicos que tuvieron impacto incluso a nivel global, al contribuir a pequeñas variaciones en las temperaturas atmosféricas durante los siguientes años. La ceniza volcánica se extendió por más de 200 kilómetros, afectando estados como Tabasco, Campeche y Yucatán.

Las consecuencias humanas y ambientales fueron devastadoras: se estimó que más de 2000 personas perdieron la vida, y 9 comunidades enteras fueron destruidas bajo capas de ceniza y materiales piroclásticos. Miles de personas quedaron sin hogar y la agricultura en vastas zonas fue afectada durante años debido a la cobertura de ceniza sobre los suelos. A partir de este evento, las autoridades mexicanas fortalecieron los sistemas de monitoreo volcánico y las estrategias de prevención y respuesta ante desastres naturales en regiones de riesgo.

