
El 18 de marzo se celebra en México el Día de la Expropiación Petrolera, un evento que marcó un punto de inflexión en la historia nacional. En 1938, el presidente Lázaro Cárdenas del Río emitió un decreto mediante el cual se nacionalizaron todas las instalaciones y recursos petroleros del país, que hasta entonces estaban en manos de compañías extranjeras. Esta medida respondió a la larga demanda de la población mexicana por recuperar el control sobre uno de los bienes naturales más valiosos del territorio.

La historia detrás de la expropiación se remonta a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando se descubrieron grandes yacimientos petroleros en México. Empresas estadounidenses, británicas y holandesas se instalaron en el país, concentrando la producción y los beneficios, mientras que la población local recibía pocos recursos y las condiciones laborales de los trabajadores eran precarias. Después de años de conflictos laborales y negociaciones infructuosas, el gobierno decidió tomar acción para garantizar que los recursos petroleros sirvieran al desarrollo de la nación.

La importancia de esta celebración radica en que representa la recuperación de la soberanía económica y territorial de México. La nacionalización permitió crear Petróleos Mexicanos (Pemex), una empresa pública que ha sido fundamental para financiar proyectos de infraestructura, educación, salud y otros sectores clave del país. Además, el Día de la Expropiación Petrolera se ha convertido en un símbolo de la lucha por la justicia social y el derecho de los pueblos a controlar sus propios recursos naturales.

