
La hazaña de Cristóbal Colón no podría comprenderse sin la ayuda que los monjes del monasterio de La Rábida prestaron al genovés cuando nadie creía en su idea. La historia llevó a Colón a este lugar de la costa de Huelva con pasado templario y musulmán que albergaba entre sus muros una sabiduría capaz de conducir a un marino hacia las costas del Nuevo Mundo. El monasterio de La Rábida ocupa un promontorio rodeado de pinares que se yergue sobre el lugar donde se unen las aguas de los ríos Tiento y Odiel. Su situación estratégica y dominante sobre el entorno pudo haber atraído la atención de los tartesios y posteriormente de los romanos, quienes pudieron haber alzado un templo en honor de Hércules donde hoy se encuentra el monasterio.

La primera evidencia de la importancia espiritual de La Rábida acontece en época musulmana. Los almorávides llegados a la península durante el siglo XII construyen un ribat sobre las ruinas del templo romano para alojar a una comunidad de guerreros sufíes, ascetas dedicados al estudio del Corán. Los ribat funcionaban como puesto de vigilancia fronteriza y lugar apartado idóneo para el ascetismo de los guerreros que los custodiaban. La vocación guerrera y religiosa de estos musulmanes era muy similar a la que poseían los caballeros cristianos de las órdenes militares. De este periodo resta el arco que da acceso a la actual iglesia del monasterio.
Precisamente, los próximos en poner su atención sobre La Rábida fueron los caballeros templarios cuya posesión se encuentra atestiguada en documentos conservados en el monasterio. La presencia templaria finalizó con la disolución de la Orden en 1312 y sus próximos y últimos ocupantes serían los monjes de la orden franciscana a partir de 1402. Durante las décadas anteriores a la llegada de Colón, el cercano puerto de Lagos, en el Algarve, supuso el punto de partida de las expediciones portuguesas con destino a las costas africanas y las islas Azores. La influencia portuguesa en La Rábida era notable y los franciscanos conocían las hazañas de sus vecinos cuando Colón llamó a su puerta.

Los monjes que acogieron a Colón en 1485 creyeron desde el principio las ideas del genovés. La habitación donde fray Juan Pérez y fray Antonio de Marchena escucharon los proyectos de Colón se conserva intacta y permite imaginar la sobriedad de La Rábida en aquellos tiempos. Pero a pesar de su austero aspecto, los monjes poseían los conocimientos necesarios para creer en Colón. El monasterio de La Rábida también fue testigo del encuentro entre Colón y Martín Alonso Pizón, un prestigioso marino de la vecina Palos de la Frontera que había obtenido fama y riqueza gracias a sus dotes marítimas. Martín Alonso Pinzón era, ante todo, un hombre de negocios que no apostaría su fortuna por una empresa inalcanzable, pero el apoyo de los monjes de La Rábida a la empresa colombina provocó que sufragase un tercio de los gastos de la expedición.
El prestigio de los franciscanos de La Rábida residía en los saberes heredados de los antiguos conocimientos musulmanes y templarios sobre astronomía y noticias de tierras escondidas más allá del océano. La elección de La Rábida por parte de Colón no resultó fortuita, y los franciscanos fray Juan Pérez y fray Antonio de Marchena fueron quienes lograron concertar una audiencia con Hernando de Talavera, confesor de la reina Isabel La Católica. A partir del descubrimiento del Nuevo Mundo en 1492, La Rábida comienza a ocupar un papel esencial como punto de salida y retorno de los viajes hacia las Indias. La cercanía del puerto de Palos de la Frontera y a través de tierra con Sevilla hicieron de los pueblos de Moguer, Palos y San Juan del Puerto una fructífera cantera de marinos que embarcaron hacia el Nuevo Mundo.

El conquistador de México, Hernán Cortés, desembarcó en Palos a su retorno a España en 1528 y se alojó en La Rábida tal y como había hecho Colón tiempo atrás. El extremeño pasó varios días en el monasterio donde se encontró con otro recién retornado de sus viajes por el nuevo mundo: el también extremeño Francisco Pizarro, conquistador del Perú.
Actualmente, el monasterio de La Rábida posee uno de los mejores museos de España para comprender la magnitud de la hazaña colombina. Es difícil imaginar que una empresa semejante triunfase gracias a los conocimientos conservados en un pequeño monasterio rodeado de dunas y pinares en el confín de Andalucía, pero las grandes gestas siempre surgen donde nadie las espera. Y en el caso de La Rábida, no fue una casualidad que Cristóbal Colón llamase una noche a su puerta.
